En el corazón vacío, libre del yo
Se puede escuchar el eco de este grito:
“Yo soy la Verdad”.
Así es el hombre que se ha hecho uno con lo Eterno,
El viajar, el viaje y el viajero se han hecho uno.
- Sa’d ud Din Mahmud Shabistari
En el corazón vacío, libre del yo
Se puede escuchar el eco de este grito:
“Yo soy la Verdad”.
Así es el hombre que se ha hecho uno con lo Eterno,
El viajar, el viaje y el viajero se han hecho uno.
- Sa’d ud Din Mahmud Shabistari
“El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez.”
San Juan de la Cruz
¿Cómo saber si estás al borde de una gran crisis?
He aquí dos señales inequívocas (entre otras):
La consciencia de uno mismo consiste en darte cuenta de que tú eres el sueño de otra persona.
En el Mathnawi, Rumi cuenta la historia del árabe pobre que se presentó ante el Califa de Bagdad con una jarra llena de agua como único presente.
En su magnanimidad ante aquel hombre que había viajado tan lejos, el califa llenó la jarra de oro y lo devolvió a su hogar.
En la primavera de 1940, Josif Stalin ordenó la ejecución masiva de 22.000 prisioneros de guerra polacos, detenidos tras la invasión germano-soviética de Polonia en 1939. Los prisioneros, ejecutados en los bosques de Katyn, cercanos a la ciudad de Smolensk, eran en su mayoría oficiales del ejército polaco aunque también había entre ellos civiles. Las intenciones de Stalin al ejecutar esta masacre (a través del procedimiento del tiro en la nuca) eran claras: descabezar el estado polaco, dejarlo inerme para una posterior sovietización del país.
El accidente aéreo que acabó ayer con parte de la cúpula política, económica y militar de Polonia cerca de Smolensk contiene un detalle que incrementa el tamaño de la tragedia. Junto a las autoridades viajaba en el avión un nutrido grupo de descendientes de los asesinados en Katyn.
En el recuerdo de la tragedia se da una nueva tragedia, que nos devuelve a la anterior en su dimensión política y que afecta a las mismas familias en su dimensión emocional.
Una pionera de la terapia transgeneracional, Anne A. Schützenberger acuñó el término “Síndrome del Aniversario” para referirse a hechos como estos: la repetición de tragedias familiares en la misma época del año, a la misma edad o en las mismas circunstancias que afectaron a un antepasado. Pero más allá de la dimensión personal, el desastre de Katyn se eleva a una categoría social, histórica.
Estos días, Polonia vive su propio síndrome del aniversario en los bosques de Katyn.
“Estoy plenamente convencido de que la conciencia es algo más que un mero subproducto accidental de los procesos neurofisiológicos y bioquímicos que tienen lugar en el cerebro humano. En mi opinión, la conciencia y el psiquismo humano son expresiones y reflejos de una inteligencia cósmica que impregna la totalidad del universo y la existencia entera. No sólo somos animales altamente evolucionados que disponemos de computadores biológicos alojados en el interior del cráneo, sino que también somos campos de conciencia ilimitados que trascendemos el tiempo, el espacio, la materia y la causalidad lineal.”
- Stanislav Grof

“Los grandes maestros espirituales merecen crédito,
pero sus apóstoles merecen ser colgados”
A veces, por estas cosas de la vida (vida que eliges y que a su vez te elige), te toca estar en sitios donde sientes que la existencia ha sido dura durante demasiado tiempo.
Sientes la aridez de la experiencia, generación tras generación, en la fábrica o en la mina. Pegados en las paredes, adheridos en las aceras, el esfuerzo, el sufrimiento y el frío. Los inviernos que no se acaban, las primaveras que no llegan. Los cuerpos endurecidos, entumecidos.
Pero en el fondo, detrás de toda coraza, el corazón siempre es blando, siempre está cliente. Siempre hay cuerpos deseando despertar a la tierra, almas que buscan volar de nuevo.
Esa es tu recompensa. Verlo y vivirlo.
Gracias a todos en Miranda de Ebro, Vitoria, Ponferrada y Bembibre.
“El cielo es libre.
El océano es dicha.
Los árboles son divinos.
Las rocas están iluminadas.
Igual que nosotros.
¿Quién sigue buscando…
Qué?”
- Anam Thubten